
El VII Memorial de Atletismo Miguel de la Quadra-Salcedo (23 de mayo) rendirá este año homenaje en la pista de ceniza de la Universidad Complutense a una de las figuras más importantes, influyentes y queridas de la historia reciente del atletismo español: Lázaro Linares.
Entrenador, formador, divulgador y auténtico maestro de generaciones enteras de atletas, Lázaro representa como muy pocas personas el espíritu que el Memorial lleva intentando defender desde su nacimiento, centrado en una manera concreta de entender el atletismo y la vida que va mucho más allá de resultados deportivos o de medallas, por lo que su presencia dentro de esta séptima edición posee un significado muy profundo para toda la familia del Memorial.
Nacido en Madrid en 1935, Lázaro Linares comenzó su trayectoria deportiva en la halterofilia tras conocer a José Luis Torres, figura esencial en la historia del atletismo español y uno de los grandes referentes morales y filosóficos del Memorial Quadra-Salcedo. Fue el propio Torres quien descubrió sus cualidades físicas y quien le animó a dedicarse al levantamiento de pesas, disciplina en la que llegaría a proclamarse campeón de España. Una lesión le impidió finalmente acudir a los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, pero aquel contratiempo terminaría cambiando para siempre el rumbo de su vida y del propio atletismo español.
Desde ese momento, Lázaro decidió dedicar su vida a enseñar y lo hizo de una manera absolutamente extraordinaria.
A lo largo de décadas formó a atletas de disciplinas completamente diferentes, desde el fondo hasta los lanzamientos, y dejó su huella en nombres fundamentales del atletismo español y del propio Memorial como Ruth Beitia, Manolo Martínez, Fernando Cerrada, Antonio Baños o Jesús Ángel García Bragado, a quien ayudó a descubrir y orientarse hacia la marcha atlética cuando todavía era un joven atleta.
Pero quizá lo más importante de Lázaro Linares nunca fueron únicamente los atletas que entrenó, sino la filosofía humana y educativa que transmitió a todos ellos.
Durante diez años fue responsable de las categorías inferiores de la Federación Española de Atletismo y por sus concentraciones pasaron centenares de jóvenes atletas que encontraron en él algo mucho más importante que un entrenador. Como recuerdan muchos de sus discípulos, Lázaro enseñaba técnica, pero sobre todo enseñaba a convivir, a respetar, a compartir y a entender el deporte como una herramienta para construir personas mejores.
En ese sentido, su figura es una especie de puente humano entre distintas generaciones esenciales del atletismo español, desde pioneros históricos íntimamente ligados al espíritu del Memorial como Battista Mova o José Luis Torres, hasta el atletismo moderno de las medallas olímpicas, los récords nacionales y las grandes generaciones contemporáneas, ya que por sus manos pasó, en cierto modo, buena parte de la historia reciente del atletismo español.
Por todo ello, el homenaje a Lázaro Linares dentro del Memorial tiene también algo profundamente simbólico como es reconocer no solo al entrenador, sino al maestro. A esa figura casi artesanal del atletismo que ayudó a construir este deporte desde la pasión, la cercanía y el compromiso anónimo del día día.
Figuras como la suya recuerdan que el atletismo también se construye desde la transmisión oral, desde el ejemplo y desde la capacidad de generar comunidad alrededor de una pista, algo que conecta de manera absoluta con la filosofía del Memorial Quadra-Salcedo.
Igual que sucede con Miguel, José Luis Torres o tantos otros nombres fundamentales de nuestra historia atlética, hablar de Lázaro Linares es hablar de personas que entendieron el deporte como cultura, como educación y como una forma de mejorar la vida de quienes tenían alrededor y eso vale mucho más que cualquier medalla.
¡Nos vemos en la pista de ceniza!




















