




















Un año más, cuando este pasado sábado 23 de mayo a las diez de la mañana la vieja pista de ceniza de la Universidad Complutense estaba todavía despertándose entre abrazos, mochilas y lanzadores arrastrando artefactos, ya se intuía que aquello iba a parecerse más a una romería atlética que a una competición convencional. E incluso, más allá de las manifestaciones y los atascos por unas multitudinarias oposiciones que tenían colapsado toda la Ciudad Universitaria y el acceso al centro de Madrid, la pista de 1931 volvía a demostrar ser un pequeño oasis en medio del ruido y uno de esos lugares capaces de detener el tiempo y mezclarlo todo, desde el pasado al presente o el futuro.
Diez años después del fallecimiento de Miguel de la Quadra-Salcedo, la VII edición del Memorial de atletismo que nació casi como un acto de resistencia sentimental alrededor de una estatua volvió a reunir durante unas horas a varias generaciones enteras del atletismo español en torno de un pasado y una historia que se resiste obstinadamente a desaparecer, mientras que a su alrededor había muchas flores y, sobre todo, muchísimo atletismo, porque el Memorial es sobre todo eso, atletismo de verdad.
Atletismo de tierra y ceniza en las zapatillas, de jueces gritando tiempos a pulmón o de atletas calentando juntos alrededor de la pista. Atletismo sin zonas VIP ni distancias de seguridad. Atletismo mezclado con conversaciones, libros, cafés, reencuentros y niños y mayores cruzando de un lado a otro mientras alguien se preparar para correr o lanzar con el público a pie de pista. Y, en definitiva, atletismo de gran nivel como el que se ha podido ver este año con el récord de la pista de 1.000 metros marcha, el récord del Memorial de 100 metros, unas series rapidísimas e incluso unas espectaculares pruebas de 300 metros, convertidas en santo y seña de este lugar tan especial donde esa es precisamente la medida de su cuerda, junto a otras peculiaridades técnicas como la meta desplazada de la tangente.
Antes de todo ello, la mañana comenzó con el juramento universitario pronunciado por Consuelo Alonso, pionera del atletismo femenino español y primera campeona de España de 1.500 metros. En esos momentos había algo profundamente emocionante en verla nerviosa unos minutos antes de leer el juramento delante de todos los asistentes, tan emocionante como ver que, quien ha hecho de su vida una carrera infinita, todavía siga sintiendo ese respeto antiguo por las competiciones importantes.
Después, el habitual minuto de silencio en recuerdo a Miguel y José Luis Torres, y de nuevo esos nervios y esa emoción alrededor de Consuelo viéndola competir después hasta en tres pruebas diferentes, convencidos de que el Memorial realmente es una sucesión de escenas. Una sucesión de pequeños instantes casi anónimos que explican mejor que cualquier resultado lo que significa este día.
Muy cerca del lugar donde se pronunció el juramento inicial, descansaba una fotografía del lanzador Ramón Cano, fallecido este mismo año, y depositada dentro del círculo de lanzamiento en el que él ha competido en pasados Memoriales.
La emoción de Cándido Ferreiro Legide al recibir el primer premio Fernando Seoane Pampín a los valores del Memorial por repetir un año más su ritual que le trae todo los años a la pista de ceniza después de viajar durante toda la noche en un autobús desde Barcelona, llegar directo a Madrid al amanecer, competir en el Memorial y volver a salir corriendo hacia otro autobús de regreso a su casa.
La felicidad por ver a Fermín Cacho regresando a la pista de ceniza tras el susto de salud sufrido hace unos meses y anunciando entre abrazos que pronto volverá a correr y que intentará mejorar su mejor marca sobre esta superficie de ceniza que logró hace unos años en el propio Memorial.
La emoción de Miguel Ángel Prieto dando la salida de la prueba de 1.000 metros marcha “Jesús Ángel García Bragado” y esperando después a todos los participantes en meta para colocarles personalmente las medallas, e incluso agradeciendo con el micrófono en mano que todavía existan lugares e iniciativas capaces de apostar por disciplinas a menudo más olvidadas de nuestro deporte, como la marcha o los lanzamientos.
La sonrisa melancólica de Jesús Hurtado recogiendo de la mano de Jorge González Amo el número 1 de unos dorsales que este año homenajeaban a su padre y dispuesto a volar sobre la pista en los 1.000 metros con su imagen prendida en el pecho, igual que todos los participantes.
Al inicio de la recta de meta, una fotografía de Armando Roca apoyada junto a la salida de 100 metros donde un día batió el récord de España, donde ha vuelto a correr todos estos pasados años y donde siempre seguirá acompañando silenciosamente al Memorial, aunque ya no pueda viajar desde Tolosa debido a su edad.
Entre todo ello, los jueces y su infinita paciencia para mantener despejadas las calles exteriores mientras centenares de personas se agolpaban literalmente a pie de pista para ver pasar a los atletas desde apenas unos centímetros de distancia.
Más allá, dos veteranos atletas completamente ajenos a GPS y relojes supuestamente inteligentes mientras uno le pedía a otro que le tomara tiempos y el segundo sacaba lentamente un viejo cronómetro del bolsillo para medir cómo su amigo volvía a darlo todo sobre la ceniza.
Los niños descubriendo fascinados aquella pista casi de juguete, con las líneas pintadas sobre la tierra como en sus propios dibujos y escuchando que allí, muchos años atrás, entrenaban atletas olímpicos y batían récords de España.
Familias enteras compitiendo juntas vestidas con camisetas heredadas de padres y abuelos que también habían corrido décadas atrás.
La presencia silenciosa entre el público de leyendas del atletismo español como Roberto Parra, Alberto Juzdado y tantos otros atletas de aquellas primeras generaciones del atletismo moderno que quisieron acompañar a Ignacio Sola en uno de los homenajes más merecidos que ha vivido el Memorial.
Y, como gran protagonista de este año tan especial marcado por el aniversario de Quadra-Salcedo, el atletismo de los lanzamientos adueñándose de la pista desde primera hora y convirtiendo al Memorial en una auténtica fiesta alrededor del peso, la barra aragonesa y el tiro con honda.
De hecho, la exhibición y el taller de barra aragonesa organizado por los amigos del club Barraires fue uno de los grandes éxitos de participación de toda la jornada. Nadie quería dejar de lanzar. Niños, veteranos, atletas populares o curiosos acababan una y otra vez sujetando la barra mientras figuras como Gabriel Pardos, Vanesa Gil, José Armando Gómez y un jovencísimo lanzador de apenas 14 años enseñaban técnicas y corregían movimientos.
Junto a ellos estuvieron también los históricos lanzadores Antonio Morón y Félix Serrano, llegados junto a la Federación Aragonesa de Deportes Tradicionales y representando también el recuerdo de Pascual Banzo, una de las grandes figuras de los lanzamientos españoles y tan ligada a la familia Quadra-Salcedo.
E incluso entre quienes no quisieron perderse aquella fiesta estuvo un prometedor lanzador de 16 años llegado expresamente desde Cuenca para participar en peso, barra aragonesa y tiro con honda.
Precisamente el taller de tiro con honda dirigido por Pep Ribas, llegado desde Ibiza, fue otro de los grandes focos de atención de toda la mañana, dando la oportunidad a pequeños y mayores para que probaran el antiguo arte de los honderos baleares.
Y, entre todos ellos, mezclados casi de forma natural, aparecían leyendas como Estanislao de la Quadra-Salcedo, José Luis Martínez o el nieto de José Luis Celaya recordando constantemente que en el Memorial las generaciones no se separan, si no que conviven.
Durante toda la mañana, además, los asistentes pudieron acercarse también a los libros de Daniel Ceán-Bermúdez, al monográfico “Ignacio Sola, Tocando el cielo” publicado por la AEEA o a publicaciones históricas de Ignacio Ramos sobre figuras como Margot Moles, demostrando una vez más que atletismo, cultura y literatura siguen formando parte de una misma tradición.
Todo ello mientras las cámaras de TVE, encabezadas por Paco Grande, seguían atentamente cada detalle para un futuro programa de Conexión Vintage.
Y entonces llegaron los homenajes finales.
Los abrazos alrededor de Ignacio Sola, la emoción colectiva durante el reconocimiento a Lázaro Linares, el recuerdo a Conrado Durántez aunque finalmente no pudo estar presente por motivos de salud, el premio vintage a unos amigos llegados desde Nueva Zelanda, los ruteros y expedicionarios recordando el espíritu aventurero de Miguel junto a su hija Sol, o la ofrenda floral a la estatua mientras comenzaban a sonar los acordes de La misión de Morricone y mientras todos los participantes portaban sus medallas especialmente diseñadas para la ocasión con un moái frente a una pista de atletismo que se pierde en el horizonte.
Y después el instante definitivo con la vuelta de honor colectiva a la pista encabezada por la antorcha olímpica de Barcelona 92 pasando de mano en mano entre atletas, entrenadores y distintas generaciones de asistentes mientras todos juntos daban una vuelta alrededor de la vieja pista de ceniza.
Hasta que, en un momento imposible de olvidar, Estanislao de la Quadra-Salcedo se adelantó unos metros al grupo, completó en solitario el último tramo de la vuelta y terminó acercándose a la estatua de su hermano para besarla y dejar una rosa prendida junto a ella, mientras el resto completaba la vuelta con la antorcha y la vieja campana de meta no paraba de sonar.
Y quizá ahí, alrededor de esa pista casi centenaria convertida por unas horas en un auténtico faro del atletismo más humano y esencial, volvió a entenderse todo.
La memoria. La tradición. La comunidad. El fuego que pasa de unas manos a otras antes de que el silencio lo vuelva a llenar todo.
O quizá, simplemente, aquello que resumió mejor que nadie Lázaro Linares al final de la jornada:
“Cuanto más dais, mejores sois”.
Resultados oficiales VII Memorial de Atletismo Miguel de la Quadra-Salcedo
Fotografías VII Memorial de Atletismo Miguel de la Quadra- Salcedo (Víctor Seco – VSM Photo Events)
Ignacio Sola y el atletismo eterno, protagonistas del Memorial Quadra-Salcedo (David Ramiro – MARCA)




















